Miércoles, Marzo 29, 2017 - 11:01

JAIME MESA:

"Soy un hombre feliz y sin quincena"

MIGUEL DE LA VEGA/AGENCIA REFORMA

MÉXICO, DF.- Puebla no sólo produce mole y políticos con ansias de protagonismo: ahora es el epicentro de un movimiento de narradores que lo único que tienen en común es haber coincidido a los pies del Popocatépetl. Jaime Mesa es uno de ellos.

Con 38 años, ha publicado tres novelas con Alfaguara -la más reciente, Las bestias negras- y era funcionario cultural de la alcaldía poblana hasta la semana pasada cuando, presume, logró matar a su propia bestia negra.

¿A quién se le ocurre escribir novelas en estos tiempos en los que sólo se leen 140 caracteres?

A viejitos como yo, cuya neurosis necesita, al menos, 140 páginas para controlarse. Creo que un tuit puede contar (a la manera de haikú) una imagen que implosiona. Pero la mente humana, el espíritu del hombre, no pueden desarrollarse con historias en clave Morse. Necesitamos el mar de la novela.

Las bestias negras, entre otras cosas, habla de los grupos de poder en la cultura, ¿a qué mafia perteneces?

Hasta hace poco pertenecí al Yipi Ka Yei de la literatura poblana que estaba conformado, básicamente, por todos los escritores que habían nacido, vivían o habían muerto en Puebla. No duró mucho porque averiguaron que vivo en San Pedro Cholula. 

Ahora que acabas de pasar al desempleo, ¿qué es lo que más te asusta?

Es curioso. Cuando estaba solo, la idea de renunciar a un trabajo sembraba en mí un miedo difícil de sobrellevar. Ahora que tengo un hijo de 2 años no tengo miedo. Siento que decenas de oportunidades se abren ante mí.

¿Por qué dejaste tu cargo en el gobierno municipal poblano?

Básicamente, porque no había condiciones para seguir y porque los planes de fomento a la lectura y enseñanza de la literatura, además de la edición de libros con un perfil literario, no los podía hacer ahí. 

¿Cómo se le hace para que un niño se enamore de los libros?

No hay programa de fomento a la lectura que sirva si no se reúnen dos condiciones importantísimas: que el lector tenga libros en su casa y que, en este caso, este niño vea a sus padres leer. De otra forma, no habrá conexión.

¿Cuál fue el primer libro que leíste?

Lo tengo clarísimo: Robinson Crusoe, de Daniel Defoe. 

¿Cuál fue el primero que leíste a tu hijo?

Soy muy malo para leerle a mi hijo. Cuando Dante estaba en el vientre de mi mujer, nunca le leí; le ponía música, le hablaba mucho, lo acariciaba. Y, durante estos dos años, nunca le he leído un solo cuento. 

¿Por qué?

No sé, quizá porque leer para mí es algo tan personal, que lleva tantos demonios y ángeles al mismo tiempo y algo muy mío, siento que si le leo en voz alta estoy fingiendo. No sé. Aún no he trabajado mucho ese capítulo en mi mente. 

¿Cuál te gustaría leerle a Enrique Peña Nieto?

Quizá otros labios, de Juan Hernández Luna

¿Qué tiene Puebla que se ha vuelto epicentro de la narrativa nacional?

Diez o 20 factores se unieron para generar un fenómeno del cual hay indicios en todos lados. Creo que el interés y presencia, primero, de Pedro Ángel Palou y Alejandro Meneses; y el trabajo duro y meticuloso de Daniel Sada, Guillermo Samperio y José Vicente Anaya.

¿Qué más?

La decisión de ya no ser escritores locales y decidir tener más lectores; el hecho de que Puebla sea la ciudad con más universidades; la presencia de la revista Crítica y hasta de la librería Profética. Todo eso explica los indicios y vislumbra el fenómeno.

En todos lados te definen como "escritor poblano", ¿qué es eso?

Ha sido raro: sólo en un par de medios han dicho: "el escritor mexicano". No sé, quizá porque la broma del "boom poblano" llegó demasiado lejos. Más que mexicano o poblano me gustaría que dijeran: "escritor cholulteca".

Insisto: ¿qué es ser un escritor poblano?

Nadie tiene la más remota idea. Esto proviene de un problema mucho mayor que debería preocuparnos en serio: no sabemos, hasta la fecha, qué es ser poblano.

A propósito de poblanos, ¿Rafael Moreno Valle es un peligro para México?

Me parece que es menos probable que algún gobernante resulte un peligro si la gente está unida.

¿Qué tienes en común con tu paisano el senador panista Javier Lozano?

Una ex novia lo seguía en Twitter y era su fan, lo retuiteaba. Creo que eso.  

¿Qué se siente escribir una novela sobre un jefe maldito?

Se siente una liberación ridícula y deliciosa, se siente como batear de home run. Y más que de un jefe maldito, lo que se siente bien es escribir sobre un estereotipo con el que mucha gente se ha identificado. 

¿Qué estás dispuesto a hacer por el éxito?

Absolutamente nada. El éxito me interesó en un tiempo, sobre todo cuando escribí Los predilectos. Fue un veneno exquisito que bebieron mis personajes esa vez.

En el México actual, ¿la ficción supera a la fantasía?

Sí, pero ¿por qué, entonces, seguimos leyendo ficción? Porque los matices de la ficción, de la literatura, son el verdadero conocimiento sobre las cosas, son la sustancia. Un libro es un contenedor de eso.

¿Por qué eres tan distinto en tus libros y en tu cuenta de Twitter? Pasas de lo sombrío a lo humorístico de golpe.

En mis libros están mis demonios, los reales (no el reloj checador, por ejemplo), sino cosas tremendamente cabronas que me perturban. Twitter es para la vida diaria; mis novelas son la antítesis de eso. 

¿Te pareces en algo a tus personajes?

Cada uno de mis personajes tiene algo de mí. Son mis hijos, claro. Así que Foster puede tener mi boca; Scarlett Kunzen, mi nariz y Eliseo de la Sota, mis manos. Pero ellos se han ganado el derecho a ser ellos mismos, a tener una vida independiente de la mía.

¿Cómo defines el momento actual de la literatura mexicana?

Me parece que es un señor gordinflón que come, come, come y al que le dará un ataque cardiaco, que sobrevivirá, que comenzará a hacer ejercicio y a cuidar su alimentación, y a la edad madura llegará esbelto, curtido, y basará su universo en 15 o 20 escritores. Actualmente debe de haber unos 150 o más escritores, al menos de mi generación. El tiempo es el mejor remedio para las generaciones literarias. Las limpia y tonifica. 

¿Tras la muerte de Carlos Fuentes te sientes huérfano?

Mi generación, la de los 70, se hizo inmune a la orfandad.

¿Quién escribe las líneas de tu propia historia?

Mi mujer y mi hijo. 

¿Quién es tu bestia negra?

Mi bestia negra hasta hace poco fue el reloj checador, la oficina. Pero logré matar a la bestia. Ahora soy un hombre feliz y sin quincena.

¿Y tu predilecto?

Mi predilecto es mi hijo, Dante. No hay más.

¿Qué te produce rabia?

Cuando eres novelista te confundes y, de menos, piensas que eres un dios. Ahora he aprendido a ser dios (o novelista, que es lo mismo) dos semanas al mes de 11 a 2 de la mañana.  

¿Por qué alguien debería leer tus libros?

En cada presentación, cuando llega un lector con un ejemplar para que se lo dedique, mi primera reacción es darle las gracias y hacer una mueca como de disculpa. Es decir, con tantas obras maestras allá afuera, tomarse unas horas, unos días para leer nueva literatura es un reto, una responsabilidad y un salto al vacío. Quizá por ahí: si les gustan las emociones fuertes, saltar al vacío, léanme.  

¿Escribir es una enfermedad, un vicio o un gusto?

Un placer. Pero, al contrario de la lectura, que también es un placer, la escritura es un placer que mata.

CINCO DATOS

1. Su proceso de escritura es así: piensa la novela durante un año, sin hacer una sola anotación. Cuando empieza, escribe 30 cuartillas diarias durante una semana. Descansa dos semanas, revisa y sólo sobrevive el 30 por ciento de lo que escribió.

2. Una de sus mayores pasiones es el videojuego Halo Reach para X-Box, que llegó a jugar sin parar durante una semana. Llegó al nivel 48 de 50.

3. Ha publicado las novelas Rabia (2008), Los predilectos (2013) y Las bestias negras (2015). Todas en Alfaguara.

4. Estudió Lingüística y Literatura Hispánica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

5. Hasta la semana pasada, dirigió el área de Literatura del Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla.

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