Jueves, Abril 27, 2017 - 13:39

HIJOS DE INTERNAS, UNA SOMBRA PARA LAS LEYES CABEZA

Niñez invisible; vivir en reclusión

Tras las rejas, vulnerados los derechos a la salud, alimentación, educación y desarrollo social

CITLALLI LÓPEZ VELÁZQUEZ / FOTOS: EMILIO MORALES

Oaxaca.- Las pequeñas manos de Bruno se aferran con fuerza a la barandilla azul de un diminuto yate de ornamentación. Abrazando con sus dedos la circunferencia del tubular, adopta la familiaridad que le arrebata una sonrisa mientras que viento, soplando, zangolotea su cabello.

Bruno,está cercano a cumplir los dos años de edad. Pocas veces ha salido a un parque, no conoce el cine, la mayor parte del mundo lo ha explorado a través de un televisor, da tirones de recuerdos en los cuentos de dormir que le relata su madre desde la reclusión en el Centro de Readaptación Social de Tanivet.

El pequeño nació en el penal, al igual que los 12 infantes que actualmente viven en el interior del centro de reclusión acompañando a sus madres a la espera de una sentencia o de su cumplimiento.

La aventura nos aguarda…

Es sábado. El sol cae secamente sobre la planicie que antecede al penal femenil. Adentro, los muros grises encierran a más de 220 internas que enfrentan una sentencia penal por delitos federales y del fuero común.

El llanto de un niño irrumpe bruscamente sobre el silbido que levanta la polvadera. La pesada puerta se abre con Bruno al frente tomado de la mano de su prima. Atrás viene la abuela paterna. El llanto a pulmón abierto es de Mateo, un pequeño de dos años que pide quedarse con su madre en el penal. Después de un rato, Mateo comprende que irá de paseo y su actitud se transforma.

La excursión estaba programada para 12 niños y niñas que viven en la penitenciaría así como para quienes habitan en la casa hogar establecida para hijos e hijas de mujeres reclusas de Tanivet, sin embargo, la desconfianza y el temor, provocaron que la mayoría declinara a la aventura organizada por el Comité Pro Defensa de las Mujeres Reclusas.

Los dos pequeños del penal, acompañados por familiares abordan el autobús, asisten los hermanos “Alicia” de 16 años y “Martín” de 13, quienes viven en la Casa Hogar dirigida por el Padre Enrique. Desde hace diez años esperan la liberación de su madre, condenada a 30 años de prisión.

El viaje es largo, Bruno se adormece con el vaivén del autobús prestado por la Secretaría de Seguridad Pública (SSP). Mateo en cambio admira a su alrededor, explora, pregunta y afirma desde el contexto del limitado mundo en el que vive. “Ahí hay muchas cárceles”, señala frente a una ferretería en donde cuelgan cadenas, candados, llaves y escaleras.

Azalea es la responsable de Tadeo durante el viaje, ellos se conocieron dentro del penal cuando la mujer cumplía su sentencia. En diciembre, ella obtuvo su preliberación durante la jornada navideña que realiza el obernador del Estado, Gabino Cué Monteagudo.

El mundo que ella conoció ha cambiado, expresa y al igual que un niño, admira el exterior con curiosidad.

Dentro y fuera

La vida en la ciudad no se detiene. Sigue creciendo. Nuevas estructuras, nuevas inmuebles, mientras que, en el penal, la vida pareciera estar en pausa.

El autobús llega a su destino y un nuevo mundo se revela ante los ojos infantiles que juegan a ser pilotos o capitanes navegando sobre el océano azul.

“Alicia” estudia el cuarto semestre de preparatoria y “Martín” en segundo de secundaria, ella tenía seis años y él tres cuando su madre fue detenida y encarcelada. Desde entonces la visitan de manera esporádica, aun cuando viven cruzando la carretera, ya que para poder ingresar requieren estar acompañados de una persona mayor de edad.

El destino ha sido difícil, pero la reclusión de su madre lejos de impulsarlos al abandono, los anima a convertirse en profesionistas. Ella en la administración de empresa, él en chef, expresan.

Programa de Inserción Social

Ita Bico Cruz López, psicóloga de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca (DDHPO) señala que ante el impacto que representa para los niños vivir la reclusión de su madre, es fundamental que sean considerados dentro de los programas de reinserción social para garantizarles sus derechos fundamentales como a la educación y la salud.

Y es que para quienes nacieron y viven en un reclusorio, el único derecho que tienen garantizado por la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) es estar con su madre, pero el resto de sus garantías a menudo son vulnerados.

Respecto al derecho a la Salud, estipulado en el artículo 24 de la CDN, hay deficiencias en la atención médica dirigida tanto a las mujeres embarazadas, a las madres lactantes y los niños, quienes al enfermar reciben medicamento de adulto.

Debido a la carencia de recursos de las madres, los infantes carecen de servicio especializado de monitoreo del desarrollo y crecimiento, enfrentan una deficiente alimentación. Debido al deterioro en servicios básicos y en el mantenimiento de la higiene, enfrentan constante riesgo a su salud, explica Ana Laura Herra, presidenta del Comité Pro Defensa.

En cuanto al derecho a la Educación, éste no es garantizado dentro del penal, así que los pequeños deben dejar el reclusorio para asistir a la escuela, enfrentando la separación con su madre.

Itabico Cruz López agrega que la situación, por sí misma, coloca a los hijos de internas en riesgo por estar conviviendo en áreas que no son adecuadas. Se ve alterado el desarrollo emocional, cognitivo y familiar.

El año pasado, un grupo de legisladores federales planteó reformas a la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, para hacer visible a esta población que pareciera vivir a la sombra de las leyes.

Así, la propuesta era establecer en el artículo 102 el reconocimiento de “los derechos de estos niños que viven con sus madres en centros penitenciarios, como un sector especial que vive en condiciones de vulnerabilidad, por lo que las autoridades deberán garantizar el ejercicio, respeto, protección de sus derechos así como prever mecanismos que les permitan un crecimiento y desarrollo pleno".

Otros artículos como el 103, busca modificar con una adición para que las autoridades estén obligadas a aplicar medidas de inclusión y acciones afirmativas que velen por los derechos de los menores que viven con sus madres en prisión.

Datos a diciembre de 2015

418 centros penitenciarios

10 son exclusivamente para mujeres

4 mil 189 internas.

7 mil 712 mujeres se encuentran en penales mixtos

377 infantes viven con sus madres

48 mujeres embarazadas

 

 

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