Domingo, Abril 30, 2017 - 01:54

Brilla nuevamente San Agustín

UNO DE LOS TEMPLOS MÁS ANTIGUOS DE LA CIUDAD RECUPERA SU BELLEZA ARQUITECTÓNICA, PERO EL RIESGO DE DETERIORO CONTINÚA, ANTE LA MANO DEPREDADORA DEL HOMBRE

OCTAVIO VÉLEZ ASCENCIO/FOTOS: CARLOS ROMÁN VELASCO

La restauración y conservación del templo de San Agustín, uno de los más antiguos de la ciudad, permitió recuperar su unidad estética y estructural. Este monumento que se comenzó a construir en 1578 a la llegada de los primeros religiosos agustinos a Oaxaca, ahora muestra todo su esplendor después de la intervención en sus fachadas, muros y cubierta, ante el deterioro ocasionado por el paso del tiempo y la mano del hombre.

Pero, su grandiosidad se ha puesto nuevamente en riesgo ante las constantes concentraciones de profesores de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y de quienes llegan a manifestarse en las oficinas alternas de la Secretaría General de Gobierno (Segego), por su cercana ubicación.

El sacerdote del templo, José Ramos García, perteneciente a la provincia del Santísimo Nombre de Jesús, de México, manifestó su beneplácito por los trabajos realizados porque convirtieron al templo en un lugar digno para el culto y atractivo para el turismo.

"Se ha recuperado su belleza; estoy muy contento, muy satisfecho, porque este templo fue construido por mis hermanos agustinos en el siglo XVI", señaló.

Expuso que el templo requiere ahora una intervención en el retablo principal de estilo barroco, terminado en madera tallada y revestido en oro laminado, elaborado en el siglo XVI.

"Este es más antiguo incluso que (el retablo) de Santo Domingo de Guzmán; se necesita una limpieza total para recuperar su color y su brillo", indicó.

Aunque observó que lo más importante en la actualidad es la construcción de una barda para cercar el atrio e impedir el ingreso de profesores de la Sección 22 del SNTE y de manifestantes.

"Como está abierto; cuando salen (los profesores) a la Ciudad de México por las noches, tiran basura, orinan y hasta defecan en los muros, cuando esta belleza ya está restaurada", anotó.

Además, mencionó que la Sección 22 del SNTE continuamente realiza actividades sindicales en el atrio "y hasta sus desórdenes".

Consideró que una pequeña barda con herrería sería la solución porque no restaría vista ni haría perder su belleza al templo.

"Al contrario, se mantendría en mejores condiciones", recalcó.

Aparte de ello, el presbítero dijo que la barda estaría apegada a derecho canónico porque el atrio es la antesala a la Casa de Dios y en este caso, se está profanando.

La restauración

Ante el avanzado deterioro en el templo se determinó iniciar la restauración de acuerdo a un plan, donde se priorizaron los trabajos según criterios de actuación condicionados por su estado físico estructural y expresivo, informó el director del Instituto del Patrimonio Cultural (INPAC) de la administración estatal, Jorge Valencia Arroyo.

La intervención se dividió en dos etapas: la primera etapa consistió en intervenir de manera integral la fachada lateral norte y la fachada oriente posterior del templo; además, una más enfocada en la restauración completa tanto del intradós como del extradós de la cubierta, abarcando además la consolidación de grietas y la sustitución de aplanados en mal estado al interior del recinto, señaló.

Explicó que en la restauración de la fachada lateral norte y la fachada posterior oriente se sustituyeron piezas de cantería en mal estado, disgregadas, exfoliadas y desportilladas, realizando una limpieza previa de manera general de los paramentos.

También, se llevó a cabo la liberación de la flora parasita, la cual había aparecido en diversas áreas como pretiles contrafuertes y otras partes de las fachadas, afectando gravemente diversas zonas del edificio al provocar grietas, acumulación de humedad y mal aspecto al inmueble, añadió.

Además, mencionó que se sustituyeron aquellas juntas sueltas o en mal estado en gran parte de la totalidad de la superficie de los muros, debido a la sobreexposición de éstas al intemperismo directo.

Destacó que la restauración también abarcó la totalidad del sistema de cubiertas porque habían sido anteriormente impermeabilizadas con materiales incompatibles e incluso no habían detenido por completo la filtración al interior del inmueble, provocando el desprendimiento de aplanados y pintura en el intradós de la nave.

Es por ello que en esta etapa se atendió de manera emergente el extradós de cubierta, mediante el retiro de enladrillados y rellenos en mal estado, con el fin de consolidar las juntas en la plementería que forma parte de la estructura de cubierta y con ello consolidar las grietas y fisuras que se evidenciaron al realizar la liberación del material de relleno, agregó.

Detalló que el sistema de impermeabilización utilizado en la superficie del enladrillado fue el tradicional usado ancestralmente a base de capas de jabón y alumbre de manera alternada, el cual ha resultado ser a través de los años, un método efectivo y práctico para evitar las filtraciones de aguas pluviales al interior y permitir a su vez, la transpiración de los materiales del sistema de cubiertas.

Valencia Arroyo dijo que en el extradós de la cubierta del templo, la intervención abarcó la liberación del mortero, enladrillado y relleno suelto o en mal estado en riñones, integrando y uniformizando la superficie con material ligero e integrando una capa de tabique rojo recocido con terminación aparente, protegiéndolo con impermeabilizante como acabado final, encauzando las aguas pluviales en gárgolas de barro, con las pendientes necesarias en toda la cubierta.

Una historia de altibajos

Se sabe que los primeros agustinos arribaron a Antequera en el año de 1576 y a su llegada, el Obispo Fray Bernardo de Alburquerque les hizo entrega de un predio localizado a sólo una cuadra al oriente de la plaza mayor y que formaba parte de la traza original de 1529.

No se conoce con certeza la fecha de fundación del templo inicial, pero se supone el año de 1578 como inicio de su construcción. Como dato fidedigno, Alonso Ponce confirma la existencia del templo durante un viaje que realizó a Oaxaca en 1586.

La construcción del edificio actual comenzó en 1699 y finalizó, junto con los trabajos del convento, en 1722, año en que fue consagrado. Se cree que el arquitecto Tomás Sigüenza elaboró el proyecto de la fachada del templo definitivo y del monasterio. La obra fue auspiciada por el archidiácono Mauleo Almahuius (sic) y costeada por Manuel Fernández Fiallo y Lorenzo de Mendoza como se hace constar en inscripciones existentes en la portada principal del templo.

El 5 de octubre de 1801, un terremoto que sacudió terriblemente la ciudad, dejó inutilizable el templo de San Agustín, por lo que debió cerrarse al culto hasta que el 14 de agosto de 1804 se bendijo nuevamente, luego de llevarse a cabo algunas obras de reconstrucción.

Tras la publicación de las Leyes de Amortización de los Bienes del Clero del 12 de julio de 1859, el convento de San Agustín fue uno de los primeros en pasar a propiedad de la nación. Los conventos de San Agustín y San Pablo, fueron cedidos por el gobierno federal al Instituto de Ciencias y Artes para que se fraccionaran en lotes y se construyeran en ellos, conjuntos de pequeñas viviendas que pudieran vender después. La idea era que el monto que se obtuviera de esta venta, iniciara la formación de un patrimonio para cubrir las necesidades futuras de este Instituto. Aunque fue adquirido por particulares, el convento permaneció abandonado y alcanzó un alto grado de deterioro.

Fue hasta que Eulogio Gillow, primer arzobispo de Antequera, inició una serie de obras para dignificar templos y conventos católicos, que compró el exconvento de San Agustín para rehabilitarlo y fundar ahí la Casa de Cuna, hogar para huérfanos desamparados. La reconstrucción fue terminada en 1893 y el primero de enero de ese año se inauguró con la presencia de Doña Carmen Romero Rubio de Díaz.

En un inicio, religiosas de la congregación de las Hijas del Calvario se hicieron cargo de la administración de la institución de beneficencia; a partir de 1924 y hasta la actualidad se rige en lo general por las directrices de la Secretaría de Educación Pública, bajo el esquema educacional de la Congregación de las Hijas del Calvario.

El retablo

El retablo mayor es de estilo barroco salomónico, terminado en madera tallada y revestido en oro laminado. Está compuesto por cinco cuerpos y tres calles, determinados por cornisas y columnas salomónicas, entre las que se disponen pinturas al óleo y nichos con esculturas policromas. La escultura principal es la de San Agustín, localizada al centro del retablo. Arriba y a los lados están las esculturas de San Alipio, Santo Tomás de Villanueva, San Juan de Sahagún y San Fulgencio Obispo, personajes importantes relacionados con la orden del fundador.

Abajo de San Agustín, está un óleo representando a la Santísima Trinidad coronando a la Virgen en el cielo; a sus lados están las esculturas de los padres de la Virgen, San Joaquín y Santa Ana. Todas las demás pinturas representan escenas de la vida de San Agustín.

En los transeptos figuran otros dos retablos que, aunque de menor tamaño, son de igual belleza que el mayor.

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