Miércoles, Noviembre 22, 2017 - 10:55

A 5 años del levantamiento en Oaxaca

El largo verano de la revuelta oaxaqueña

"Las libertades conquistadas por la especie humana son la obra de los ilegales de todos los tiempos que tomaron las leyes en sus manos y las hicieron pedazos". Ricardo Flores Magón, 1910.

Hace ya cinco años, Oaxaca fue escenario de una de las revueltas ciudadanas más radicales de las que se tenga memoria en la historia reciente de nuestro país. Miles y miles de hombres y mujeres abandonamos nuestras rutinas, dejamos de lado la cotidianidad y dimos vida a la llamada Comuna de Oaxaca.

El pueblo oaxaqueño ya estaba harto de los atropellos y agravios de los gobernantes priistas, cuando el 14 de junio del 2006 el tiranuelo Ulises Ruiz ordenó una brutal represión en contra de una movilización de los trabajadores de la educación aglutinados en la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Este hartazgo, junto a la agresión policiaca y la inmediata respuesta de los maestros, provocaron una gigantesca movilización ciudadana que encontró en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) su medio de coordinación para la lucha.

Durante 5 meses, el aparato gubernamental desapareció casi por completo, su presencia se redujo a las llamadas "caravanas de la muerte", convoyes nocturnos integrados por policías, porros y delincuentes que a bordo de 15 o 20 camionetas hacían recorridos por la capital oaxaqueña para agredir y amedrentar a la población. Estas agresiones dieron lugar a que cada noche surgieran cientos de barricadas, donde los vecinos se protegían y convivían alrededor de fogatas, espacios de encuentro de gente de diferentes ocupaciones, edades y orígenes. Los vecinos, en un ejercicio de democracia radical, se organizaron para protegerse, para organizar la vida y también para protestar y exigir sus derechos.

Esta rebelión ciudadana, con sus muy diversas formas de movilización, se concentró al principio en la región de los Valles Centrales de Oaxaca, y poco a poco se fue extendiendo a las diferentes regiones del estado, donde se tomaron palacios municipales y hubo marchas y bloqueos para luego propagarse a otros estados, donde también se crearon asambleas populares. Lo más intenso de la confrontación tuvo como centro álgido la capital del estado, y de inmediato y a gran velocidad se propaló a las diferentes regiones. Por ejemplo, en un pueblo de la Mixe Alta el mismo 14 de Junio fue expulsada la policía estatal y al día siguiente, a más de 300 kilómetros de la capital, cientos de indígenas afiliados a la UCIZONI bloquearon la carretera Transistmica en protesta por la agresión policiaca.

Decenas, cientos de miles participamos en las megamarchas; en ellas se fundían las rebeldías de los maestros con la de los campesinos indígenas, la de los estudiantes con la de los jóvenes sin empleo, las de las mujeres con las de los niños de calle. Abigarradas multitudes entonábamos durante las largas caminatas cantos y consignas, siendo la más famosa aquella de "ya cayó, ya cayó, Ulises, ya cayó".

Una de las acciones que mayor impacto tuvieron, fue sin lugar a dudas la toma de los medios masivos de comunicación por parte del movimiento. La única televisión local y las principales radiodifusoras fueron ocupadas por los rebeldes y por primera vez la gente sencilla dio su voz, narró sus historias y grito sus exigencias. En las regiones más aisladas las radios comunitarias transmitían los acontecimientos y mantenían informada a la población.

Una de las características principales de esta revuelta fue su radicalidad. Los roles fueron trastocados de manera profunda, prueba de ello fue el significativo papel que jugaron las mujeres, los ancianos, los niños de la calle, los desempleados. El miedo, el temor a la autoridad, se derrumbaron y entonces la gente sencilla que había sido humillada toda su vida, se rebeló y asumió con sorpresa su poder. Recuerdo como después de la batalla de Todos Santos, personas mayores que habían participado en los enfrentamientos contra la policía federal, se asumían como héroes, se sentían felices y complacidas por haber vivido esos momentos. El haber lanzado piedras o repartido pañuelos para neutralizar el efecto de los gases, lo mismo daba, las hacía sentirse trascendentes, se sentían héroes y en realidad lo eran.

Un aspecto que hay que resaltar fue la horizontalidad del movimiento, cuya organización recuperó los métodos asamblearios de las comunidades indígenas; cada quién asumía el papel que deseaba asumir y nadie mandaba. La APPO nunca fue una organización, fue la red de coordinación de los rebeldes; fue el espacio de comunicación de los insurrectos. Nunca tuvo acta constitutiva, ni estatutos, ni una estructura organizativa; aunque después algunos quisieron darle forma de organización, para usar su nombre y usufructuarlo.

Otra cara de la radicalidad de este movimiento fue el cuestionamiento al poder mismo, y en cualquiera de sus encarnaciones la autoridad fue atacada. Las organizaciones, la familia patriarcal, el gobierno, los partidos, el machismo, los medios de comunicación, los dirigentes, todo fue cuestionado, todo fue rebasado. Este movimiento desenmascaró y puso en su lugar a medio mundo. Algunas organizaciones con un pasado izquierdista como la COCEI terminaron apoyando al gobernador asesino, y dirigentes sindicales como el profesor Enrique Rueda traicionaron a sus compañeros de lucha. El Partido de la Revolución Democrática (PRD), por su parte, jugó con dos caras. Por un lado tuvo que apoyar la campaña de Andrés Manuel López Obrador como candidato a la Presidencia de la República y por otro lado negoció con Ulises Ruiz y contribuyó a su permanencia. Y qué decir de los siniestros acuerdos que establecieron Fox y Calderón con los priistas para sostener al tiranuelo. La clase política en pleno se confabuló en contra de los rebeldes de Oaxaca y se utilizó todo el poder del Estado para aplastarlos.¡¡¡ Fuera máscaras!!!!

UN MOVIMIENTO SIN SALIDAS

La radicalidad de las demandas de la Comuna de Oaxaca la hicieron altamente tóxica para el sistema de dominación que oprime a los mexicanos. Su forma de organización era horizontal y anti jerárquica por lo cual no tenía dirigentes ni comisiones formales, salvo algunos voceros sin poder ni mando. Asumió la forma asamblearia y sus demandas y aspiraciones eran maximalistas e innegociables; al grado que no tenía la aspiración siquiera de negociar la liberación de los presos o la destitución de funcionarios. Era el todo o nada; algunos la bautizaron como la primera revolución del siglo XXI y en cierta forma tenían razón, pues sus maneras y reclamos cuestionaban al sistema mismo.

La coyuntura en la que estalló la rabia de los oaxaqueños no fue la más propicia para que este movimiento se consolidara. En Julio del 2006, cuando la revuelta iba en ascenso, la izquierda partidista estaba envuelta en el proceso electoral por la presidencia. Pocos días después de las elecciones se relata que en Huatulco se reunieron Ulises Ruiz y Felipe Calderón, donde pactaron apoyo y reconocimiento mutuo. Dos meses después de esa reunión 5 mil militares disfrazados de miembros de la policía federal preventiva tomaron por asalto la ciudad de Oaxaca, según ellos "para restablecer el orden", y según nosotros para aplastar la revuelta y sostener a un asesino en el poder.

Una rebelión con estas características enfrentaba a poderosos intereses y no sólo locales. Por ello necesitaba para su sobrevivencia de que la revuelta se extendiera a otros lugares del país y que la solidaridad nacional e internacional fuera más contundente. A pesar de que la revuelta de los oaxaqueños fue ganando simpatía, evidenció la debilidad del movimiento social mexicano, el cual no le pudo brindar un apoyo efectivo.

Hacia Noviembre del 2006, el movimiento demostraba aún gran vitalidad a pesar de que estaba acorralado en las instalaciones de la Ciudad Universitaria y de la Sección 22, y pudo con la participación de más de 1,600 delegados y delegadas el celebrar el "congreso constituyente de la APPO". Mientras cerca de ahí la Policía Federal Preventiva ocupaba la parte central de la capital y muchas de las barricadas ya habían sido levantadas y los tiranos a la par que organizaban cacerías de "sapos" preparaban el golpe final: el "tlatelolcazo" del 25 de Noviembre.

 

 

CARLOS BEAS TORRES

 

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