Miércoles, Junio 28, 2017 - 16:12

Zócalo mancillado

Oaxaca, Oax.-  Ambulantes, plantones y manifestantes toman el corazón de Oaxaca

En el fondo se escucha la música gloriosa, perfectamente sincronizada e interpretada magistralmente por la Banda de Música del Estado…pero no se puede disfrutar a cabalidad. El zócalo de la capital del estado se encuentra convertido en un mercado donde prevalece la informalidad y el trabajo infantil.

Los accesos y pasillos de la plaza más importante del estado están bloqueados por cuerdas que parecen trampas para los visitantes, y tanto la miseria como los problemas sociales persistentes en la entidad, han anegado este espacio, en el que el turista no puede tener un espacio de esparcimiento y tranquilidad.

Escenario de varios capítulos de la historia de Oaxaca, desde batallas campales hasta innumerables manifestaciones de luchas sociales, la Plaza de las Armas ha perdido la lucha incesante que comenzaron ya hace algunos meses los gobiernos estatal y municipal para contener la invasión de los ambulantes, los cuales, al menos hasta el día de hoy, son los reyes absolutos de la mayor parte de su espacio público.

 

DIFÍCIL DISFRUTAR TRANQUILOS

La familia Ramírez visita la Ciudad de Oaxaca de Juárez, provenientes del Distrito Federal. Como tantos visitantes se disponen a disfrutar de una cerveza fría, con las gotas condensadas que escurren de la botella, y una botana que la acompañe, mientras el suave viento de verano debería aportar los ingredientes perfectos para un momento de convivencia y descanso. Pero el placer no sucede tal como ellos quisieran.

En un momento, hasta tres personas al mismo tiempo llegan a irrumpir su conversación; dos son vendedores ambulantes, un niño con pulseras y una anciana con collares, y otra es una mujer mayor indigente, con un ojo mutilado, que demanda una moneda para sobrevivir, a lo que los turistas se niegan.

“Es difícil disfrutar tranquilos si a cada minuto alguien intenta venderte algo o pide dinero con insistencia. Venden cosas bonitas y hay artesanías a buen precio, pero no puedes comprarle a todos ni dar monedas a tantos pordioseros que llegan”, comenta Don Javier, cabeza de la familia que acaba de ser asediada por los vendedores.

 

ALAMEDA, ENTRAMPADA

En los pasillos de la Alameda de León se disponen dos lonas gigantes para festejar un evento de la Confederación de Trabajadores de México (CTM). Sin embargo, la instalación de dichas lonas dificulta el paso para los visitantes, sus gruesas cuerdas empotradas en el piso resultan ser una trampa para los distraídos y un obstáculo insuperable para las personas discapacitadas que transitan por el lugar.

A un costado de la Alameda, en el pasillo opuesto a la Catedral, se encuentra atiborrado por la vendimia de los integrantes del Movimiento Unificador de Lucha Triqui (MULT) que ha ocupado con puestos de artesanía todo lo largo del corredor.

Tan sólo en la esquina de Hidalgo y Calle Antonio de León se pueden contabilizar nueve centros improvisados de dulces, refrescos, raspados y juguetes para niños, entre otros objetos.

 

 

Palacio de gobierno un campamento

El palacio de gobierno, edificio emblemático que rescatara el gobernador Gabino Cué Monteagudo para que recuperara su sitio como la casa del pueblo, ha cumplido con su función de una manera irónica, pues se ha convertido en el campamento donde grupos de inconformes han mantenido una guardia permanente.

Los portales no tienen acceso, se encuentran completamente bloqueados por puestos de ropa, con maniquíes mostrando los modelos de vestidos y huipiles típicos que venden las mujeres desplazadas de San Juan Copala.

Pero no sólo eso, sobre unas mesas se extienden los puestos de artesanías de barro verde, además de un puesto que expende memelas y tejate, mientras que el pasillo se encuentra poblado por habitantes de Santa María Atzompa, inconformes por los conflictos postelectorales, además de los integrantes de Antorcha Campesina y de estudiantes de la Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios Rafael Ramírez (FNERR), provenientes de la Cuenca del Papaloapam. Todos ellos, en conjunto, han creado una maraña de hilares que se extiende como una telaraña justo frente a la entrada del palacio.

Todo lo anterior sucede mientras los restaurantes alrededor de la plaza lucen con sus mesas a medio llenar, mientras un grupo, a un costado de la Catedral, llama a los ciudadanos sin partido, a través de las redes sociales, a que se una en la exigencia de que Oaxaca se ponga en orden y se acaben los bloqueos y los plantones. Que simple pareciese.

 

 

TRABAJO INFANTIL, REALIDAD INNEGABLE

De todos los problemas sociales del estado presentes en la plaza de la Constitución, el más palpable es el del trabajo infantil. En un simple recorrido a mediodía de un domingo se pueden contabilizar, sin exagerar, al menos 30 niños que intentan vender algún objeto como artesanías de madera, dulces, pulseras o aretes.

Asociaciones civiles han comenzado campañas como el Foro “El Trabajo Infantil en la perspectiva del cambio institucional en el Estado de Oaxaca”, en la práctica, no se realiza ninguna acción para evitar este mal que aqueja a la sociedad.

En la plaza principal del estado, justo frente al palacio del gobierno, los niños diariamente trabajan, venden, caminan con sus mercancías a cuestas o un gancho con pulseras, o aretes en las manos.

Así, además de los indigentes y las señoras que venden con sus niños agazapados en el rebozo  numerosos pequeños transitan sin más futuro las pocas monedas que logren acumular durante sus mañanas; esperan que las autoridades volteen los ojos hacia ellos, y que la política de combate a este mal social, deje de comentarse en salones de hotel, para convertirse en estrategias eficaces y acciones contundentes.

 

EL PESO DE LA ESTADÍSTICA

Del millón 444 mil 039 menores de 18 años que vive en el estado, 158 mil, deben trabajar para sobrevivir

En Oaxaca, más de tres de cada diez personas -el 35 por ciento de la población ocupada - trabaja en el sector informal. En el caso de las mujeres, aproximadamente una de cada dos trabaja en este sector.

 

 

LUIS PARRA MEIXUEIRO/FOTOS: CARLOS ROMÁN VELASCO

 

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