Jueves, Noviembre 23, 2017 - 13:00

Visita Solaline el campamento triqui que cumple 1 año en palacio

Oaxaca, Oax.- El sacerdote Alejandro Solalinde y defensor de los migrantes centroamericanos, especialmente, visitó ayer el campamento que mantienen las indígenas triquis de San Juan Copala en el Centro Histórico de esta ciudad, y se solidarizó con ellas.

Así mismo, en el acto, demandó la intervención inmediata de las autoridades gubernamentales para que cesen el baño de sangre y la violencia en esa región.

Más tarde, el padre Alejandro Solalinde afirmó que el crimen del centroamericano, registrado en el estado de México, fue obra del crimen organizado.

"Esta situación me impacta muchísimo, me da mucha pena; es parte del México fragmentado y me duele doblemente porque por ser indígenas y mujeres no se les escucha", afirmó.

Ante mujeres y niños de esa comunidad, quienes cumplieron un año en el campamento de desplazados, el religioso sostuvo que si en las manos de las mujeres, y sobre todo de las indígenas, estuviera la solución de los problemas de Oaxaca y México se avanzaría más rápido.

"Dicen que con los hombres se solucionan las cosas, pero pienso que no, desgraciadamente intervienen muchos intereses", señaló.

Expuso que la estadía de las indígenas triquis en el campamento resulta indigna porque "en estando el cemento no puede ver vida ordinaria, no pueden atender sus animales, sus plantas, hacer su comida y en general su vida en comunidad".

"Que necesidad hay de que estén lejos de sus tierras y de su vida; desde la mirada de Dios me duele mucho ver esto. No es un lugar digno para ellas", asentó.

Demandó a los gobiernos federal y estatal tener mayor voluntad para solucionar lo más rápido el conflicto en la zona triqui, pero a partir de un diálogo entre las partes porque solamente así se acabará con la violencia y se alcanzará la paz.

"No pueden estar otro año más aquí", remarcó.

Solalinde Guerra dijo que las mujeres y los niños triquis, independientemente de su condición de desplazados, también son migrantes porque se vieron obligados a salir de su comunidad porque no había condiciones de paz.

Durante el encuentro, las mujeres indígenas triquis dieron la bendición al religioso.

 

Crimen de odio

El también coordinador del albergue "Hermanos en el Camino", ubicado en Ciudad Ixtepec, subrayó que el asesinato del migrante guatemalteco Julio Fernando Cardona Agustín, de 19 años de edad, sucedido en Tultitlán, Estado de México, "es una tragedia" porque había participado en la caravana "Paso a paso por la Paz" en busca de su hermano mayor.

"Él llegó a buscar a su hermano desaparecido en México; se unió a la caravana para eso y se quedó venciendo el miedo. No vino a dar su testimonio sino a buscar a su hermano. Incluso ya tenía un certificado de libre tránsito del Instituto Nacional de Migración", indicó.

Consideró que fue un crimen de odio por la saña y el rencor utilizados para darle muerte al migrante guatemalteco sobre todo porque por su condición de indígena mam, originario del Departamento de San Marcos, era tímido y cohibido.

"Se ensañaron con él; lo destrozaron. Desquitaron su rabia y coraje (quienes lo mataron). No tomaba alcohol ni usaba drogas, era un campesino humilde", insistió.

Solalinde Guerra dijo que los sacerdotes católicos acompañantes de los migrantes acordaron demandar a las autoridad municipal de Tultitlán firmar el documento de donación prometida de un terreno para construir la casa del migrante y al gobernador Enrique Peña Nieto facilitar carpas provisionales y baños ecológicos para alojar ahí a los centroamericanos en tránsito.

Además, una investigación expedita de los hechos para castigar a los culpables y una campaña de concientización nacional para que no se vuelvan a repetir los crímenes de odio.

 

 

OCTAVIO VELEZ

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