Miércoles, Agosto 15, 2018 - 15:43

TESTIMONIOS DEL ARCHIVO GENERAL DEL PODER EJECUTIVO DEL ESTADO

Su santidad regresa a Roma

JOSE FRANCISCO CARRIEDO, GOBERNADOR CONSTITUCIONAL DEL CENTRO, PRIMER DEPARTAMENTO DEL ESTADO, A LOS HABITANTES DE LA CAPITAL.

Para solemnizar como es debido la plausible noticia de la entrada de su Santidad a la capital del mundo cristiano, y en cumplimiento a lo dispuesto por el superior gobierno del Estado, he dictado los artículos siguientes.

1º. En las noches de los días 23 y 24 habrá serenata en la alameda del centro por la música del Batallón Guerrero, desde las ocho de la noche hasta las once.

2º. En las noches de los mismos días habrá iluminación.

3º. Se excita la piedad de los fieles para que en la mañana del Domingo 23 adornen las puertas y balcones de las casas con cortinas, y hagan las demás demostraciones de júbilo que su celo les dicte.

Y para que llegue a noticia de todos, mando que se publique por bando y se fijé en los parajes acostumbrados.

Oaxaca 22 de Junio de 1850.

JOSE FRANCISCO CARRIEDO

(Imprenta de Juan Carriedo)

 

El gobernador del Estado de Oaxaca por ese entonces era Benito Juárez García y José Francisco Carriedo era el Gobernador del Distrito del Centro, el cual incluía a la Ciudad de Oaxaca. Pero... ¿Quién era el pontífice que regresaba a Roma por el cual se hicieron esas celebraciones? Era Pío IX o Pío Nono, el ducentésimo quincuagésimo quinto (255) papa de la Iglesia católica y el último papa-rey de los Estados Pontificios que fue beatificado en septiembre de 2000 por el papa Juan Pablo II.

 

La beatificación de Pío IX ha sido una de las más largas y difíciles de la Iglesia y ha estado en medio de la controversia. Israel protestó arguyendo que Pío IX, fue un antisemita reconocido, pero Mons. Carlo Liberati, sostuvo que Pío IX fue "el promotor de la liberación de los judíos del ghetto. Hizo suprimir las labores indignas y humillantes que estaban asignadas a los judíos. Declaró que no eran 'extranjeros' y ordenó colocar patrullas encargadas de protegerlos contra una rebelión popular que explotó efectivamente contra esta emancipación del ghetto". También saltó a la palestra el caso de Edgardo Mortara, el niño judío que, a la edad de dos años en riesgo de morir fue bautizado por su criada católica, luego fue sacado de la casa de sus padres y educado por la Iglesia, lo que se esgrime hoy en día como un secuestro y violación a los derechos individuales, no así en la época.

Después de su beatificación muchos se preguntaron: “¿Por qué exhumar y exaltar a un papa del siglo XIX cuya historia es tan dolorosa y cuyo carácter genera abierta disputa? Pío Nono aparece como un modelo cuestionable para una Iglesia que desde su reinado ha abrazado muchas de las proposiciones que él condenó” (“No tan Santo”. Revista Semana 10 de octubre de 2000).

Giovanni María Mastai-Ferreti, nació en Senigallia, Marcas, en 1792 y murió en Roma en 1878. En 1819 se ordenó sacerdote, luego el papa Pío VII, su pariente lejano, lo nombró director espiritual del asilo Tata Giovanni, en la Vía Julia. En 1823 vino a América al ser nombrado auditor de monseñor Juan Muzi, delegado apostólico de Chile. Estuvo también en Argentina, Bolivia, Perú, Colombia y Uruguay, cuando volvió a Roma fue nombrado canónigo de Santa María y director del hospital de San Michele. Desde 1832 fue obispo de Imola, luego arzobispo de Espoleto. Se convirtió en cardenal en 1840 y el 16 de junio de 1846, luego de la muerte de Gregorio XVI, acaecida el 1 de junio, fue elegido pontífice.

 

Uno de sus primeros actos como papa fue promulgar una amnistía para los prisioneros políticos, además consintió algunas reformas en el Estado Pontificio. En los primeros dos años del pontificado, se ganó el título de papa liberal, patriótico y reformador, despertando grandes esperanzas entre los nacionalistas italianos pero, al estallar las revoluciones, no se alineó con el movimiento nacionalista. Promulgó una Constitución para los Estados Pontificios, pero la retiró por los disturbios que ocurrieron en Roma.

 

En 1848 se estableció la República Romana gobernada por un triunvirato formado por Mazzini, Armellini y Saffi, el papa tuvo que huir disfrazado de monje a Gaeta, en el reino de las Dos Sicilias, allí se puso bajo la protección de los ejércitos franceses, napolitanos y españoles. Durante la campaña militar contra la República, pudo recuperar su poder temporal en 1850 gracias a las tropas francesas. Es en este momento que en México se produce el documento que nos ocupa.

En agradecimiento a los monarcas europeos que lo ayudaron publicó la encíclica “Si semper antea” el 20 de mayo. A partir de 1850, Pío Nono puso en marcha una política de intransigencia “Non possumus” (no podemos) hacia las exigencias del poder laico, convirtiéndose en el adversario más acérrimo del ala anticlerical de la masonería. Se enfrentó a los revolucionarios, al ministro Cavour (Camillo Benso, conde de Cavour), y a todos los hombres de estado que promulgaban una Italia unida, con Roma como capital y cuyo rey fuera Víctor Manuel.

En 1858 Napoleón III y Cavour acordaron la guerra a Austria como preliminar para la unidad italiana. Los austríacos fueron derrotados en Magenta (1859) y se disolvieron los Estados Pontificios. Víctor Manuel tomó el título de rey de Italia (1861) y trasladó su capital a Florencia. En 1870 el rey Víctor Manuel II le envió una carta a Pío IX, donde le pedía dejar entrar pacíficamente al ejército italiano en Roma, a cambio de protegerlo, pero el papa se negó rotundamente. El rey ordenó la entrada de las tropas a Roma, el Papa se autodeclaró prisionero y se rehusó a salir del Vaticano. “El gobierno abandonó el concordato de 1841, suprimió los diezmos, secularizó la educación, suprimió monasterios y confiscó la propiedad eclesiástica. Numerosos países rompieron sus relaciones con la Santa Sede”.

Ya incorporados los Estados Pontificios al Estado italiano unificado, con Roma como capital, el papa rechazó la Ley de Garantías que le ofrecía el Parlamento italiano y permaneció “prisionero” en sus palacios del Vaticano hasta que murió.

El enfrentamiento abierto entre el Papado y el Estado liberal italiano se conoce como la «cuestión romana». El papa prohibió a los católicos votar y participar en la vida política del país. Dicho conflicto se resolvió cuando Italia había dejado de ser un Estado liberal, con los pactos de Letrán en 1929 entre Pío XI y Mussolini, donde se reconoce a la Santa Sede como un Estado soberano y sujeto de Derecho Internacional.

El último papa-rey perdió los territorios de la Romaña (1859), Umbría, las Marcas (1860) y la misma Roma en 1870, con la conocida toma de Porta Pia, el 20 de septiembre, que marcó el fin del poder temporal de los papas.

Por una parte, “La rigidez e intolerancia de que hizo gala la Iglesia bajo el pontificado de Pío IX debilitó sus posiciones en toda Europa, favoreciendo la extensión del anticlericalismo y la asunción de posturas oficiales beligerantes contra la Iglesia, como la Kulturkampf de la Alemania de Bismarck”. Por otra, al declararse prisionero en el Vaticano y rehusando salir, de la hoy su ciudad-Estado, inspiró entre la feligresía común un “culto papal”’ característicamente moderno. Es así como “Despojados de su poder temporal como soberanos de los Estados papales, e investidos con el aura de la infalibilidad, Pío y sus ocho sucesores atrajeron el fervor y la devoción popular como líderes puramente espirituales armados de una autoridad cuasioracular”.

De 1850 a 1870, como se dijo arriba, el pontificado de Pío IX fue una cruzada contra el liberalismo y el mundo moderno, los cuales intentó contrarrestar revitalizando la religiosidad católica. Es así como restauró la jerarquía eclesiástica en países protestantes mayoritariamente como Inglaterra (1850) y Holanda (1853). Estableció concordato con varios países centro y sudamericanos, creó varias sedes episcopales en EE.UU. En 1854 proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, “según el cual María fue concebida en el seno de su madre, Santa Ana, sin ser alcanzada por la mancha del pecado original”.

Durante el pontificado de Pío Nono, el 1 de julio de 1861 se publicó por primera vez el diario «L'Osservatore Romano» y se reconoció las apariciones de La Salette (1846 aprobada en 1851) y de Lourdes (1858 reconocida en 1862).

Promulgó la encíclicas Quanto conficiamur, Quanta cura, Syllabus errorum y Respicientes. La encíclica “Quanta cura” fue publicada en 1864 y su anexo el “Syllabus”, era una lista de enseñanzas prohibidas, con la que la iglesia condenaba los errores del mundo moderno y condenaba que un papa “pueda y deba reconciliarse con el progreso, el liberalismo y la civilización reciente”.

 

Convocó el Concilio Vaticano Primero (1869 -70), en el que hizo aprobar el dogma de la “infalibilidad del papa”. En 1870 glorificó a san José extendiendo su fiesta a la iglesia universal y lo declaró Patrono Universal de la Iglesia, también elevó a 86 santos a los altares. En 1870, inauguró un nuevo modo de elección de obispos y prelados, ya no entre los notables sino entre los sacerdotes comunes, donde se manifestaran los méritos pastorales.

Reunió en torno suyo cuatro veces al episcopado universal, además Pío IX impulsó las procesiones, peregrinaciones y todas las formas de piedad popular.

Después de un pontificado de 31 años y medio, el más largo de la historia, murió el 7 de febrero de 1878. Incluso después de su muerte tuvo enfrentamientos con los masones. En la noche del 12 al 13 de julio de 1881, mientras era trasladado del Vaticano al cementerio del Verano hubo una manifestación en su contra, donde lanzaron de piedras, imprecaciones, y canciones vulgares y obscenas, contra el cortejo fúnebre, mientras éste rezaba el rosario, los salmos, el oficio de difuntos y pías jaculatorias. Al llegar al puente Sant'Angelo, con el grito de “¡muerte al Papa, muerte a los curas!”, trataron de arrojar el cadáver de Pío IX al río Tíber. “Pero los católicos apretaron las filas en torno a los restos mortales del pontífice y rechazaron el ataque”.

El cuerpo del Papa Pío IX permanece incorrupto y tiene según Mons. Carlo Liberati, “…la serenidad del rostro intacto en la majestad silenciosa de la muerte".

En honor de Pío IX, en España, se elaboró un pastel llamado Pionono, que se hizo popular en América Latina. En México se le conoce como niño envuelto y en Chile y Colombia se llama brazo de reina; en toda América hay gran variedad de piononos y pueden ser salados o dulces dependiendo del país. En internet se dice que “La primera referencia localizada de este dulce es del 18 de marzo de 1858 en la prensa madrileña”, aunque hay otras versiones del origen de este bizcocho al final coinciden con el homenaje al papa.

La persona y el papado de Pío Nono producen opiniones adversas aún en el siglo XXI. Lo cierto es que en Oaxaca el 22 de Junio de 1850 se emitió un bando para celebrar su regreso a Roma y el Batallón Guerrero dio una serenata en la alameda del centro en su honor las noches del 23 y 24 de junio. Los invitamos al Archivo General del Poder Ejecutivo del Estado consultar este y otros Testimonios Documentales de Oaxaca.

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